El cuñado de la poesía mexicana

¿Tú sabes quién soy yo? Yo soy Manuel Madero. Manolito Madero, cuñado de la poesía mexicana. O al menos eso me solía decir Auxilio Lacouture. Me decía: Manolito, yo soy Auxilio Lacouture, madre de la poesía mexicana, y tú te estás follando a mi única hija, Manolito, así que tú tienes que ser el cuñado de la poesía mexicana. Yo también tengo un hijo. Camarero, una botella de tequila para mi amigo y para mí. Sigue leyendo

El perfume

Cómo explicarte, cómo explicártelo todo. Desde el día que entré en aquel pequeño bar, hace casi tres meses, y de camino a la barra se me cayó Rayuela sobre la mesa en la que tomabas café, sentada, con las piernas cruzadas, mientras leías el periódico. Tu sonrisa de complicidad, mi lo siento. Compartir una cerveza hablando sobre Cortázar. Compartir varias cervezas hablando sobre nosotros, sobre ti. Soltera, treintaicinco años, administrativa, me dijiste. Y morena, preciosa, maravilla recién descubierta, agregué. Sigue leyendo

Finales de torre y peón contra torre y peón

Hay una mesa baja en el centro de la habitación. Sobre ella, un tablero de ajedrez en el que solo quedan una torre, un peón y un rey blancos contra una torre, un peón y un rey negros. El resto de piezas descansan junto al tablero, dentro de una pequeña caja de madera. Al otro lado del tablero hay un pequeño ordenador portátil –un netbook– abierto, mostrando un programa gestor de correo electrónico. Una lámpara de pie alumbra un sofá de cuero en el que un hombre, tumbado, está leyendo un libro. El libro –de bolsillo y bastante voluminoso– se titula Los finales en el ajedrez, y el capítulo que el hombre repasa una y otra vez tiene por título Finales de torre y peón contra torre y peón. Sigue leyendo

Padre durmió en el sofá

Algunas noches Padre dormía en el sofá. Al día siguiente se despertaba temprano y se marchaba al trabajo antes de que nos levantásemos, pero lo delataban los cojines mal puestos y el medio bote de ambientador que echaba antes de irse (lo cierto es que de estos detalles nos fuimos dando cuenta con el tiempo: lo que realmente lo delataban eran los ojos de Madre). Sigue leyendo

Cirrosis

Apuró el cigarrillo. Desde que ocho meses antes la muerte, disfrazada de cirrosis, le diese un año de ventaja, no hacía otra cosa que permanecer todo el día en el sofá, fumando, tratando de recordar su medio siglo de vida. Pero era imposible: demasiado alcohol, demasiadas drogas, demasiados malos recuerdos borrados. Sigue leyendo